La práctica se afina con cada cambio de estación: al terminar el curso revisamos qué prendas salieron del uso diario, cuáles pasan al cofre de la talla siguiente y cuáles se retiran por desgaste.
En primavera guardamos los abrigos y dejamos a mano las camisetas de manga corta. En otoño volvemos a abrir los cofres y anotamos en la etiqueta qué talla entró en uso. Cuando hay dos niños, cada cofre lleva una nota breve sobre quién usó cada prenda y en qué temporada.